En el mundo de la cosmética natural y científica, los hidroxiácidos son un imprescindible para quienes buscan mejorar la textura y luminosidad de la piel. Son exfoliantes químicos que renuevan la epidermis sin necesidad de fricción.
Existen tres grandes grupos, cada uno con usos específicos:
Alfa-hidroxiácidos (AHA)
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Ejemplos: ácido glicólico, láctico, cítrico, mandélico, málico.
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Beneficios: iluminan, suavizan arrugas finas, mejoran manchas y textura irregular.
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Indicaciones: piel apagada, seca o con fotoenvejecimiento.
Beta-hidroxiácidos (BHA)
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Ejemplo principal: ácido salicílico.
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Beneficios: limpian poros en profundidad, regulan el sebo y previenen imperfecciones.
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Indicaciones: piel grasa, acnéica o con puntos negros.
Poli-hidroxiácidos (PHA)
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Ejemplos: gluconolactona, ácido lactobiónico.
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Beneficios: exfoliación suave con efecto hidratante y antioxidante.
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Indicaciones: piel sensible, con rosácea o dermatitis.
Utilízalos de forma segura
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En cosmética casera: utilizamos porcentajes moderados, suficientes para lograr una piel renovada sin comprometer la barrera cutánea.
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En clínicas o medicina estética: utilizan dosis más elevadas en peelings profundos o tratamientos intensivos.
Nunca aumentaremos la concentración de un hidroxiácido en cosmética casera. Hacerlo sin control profesional puede ser contraproducente y provocarnos irritación, quemaduras o daños permanentes.
Los hidroxiácidos son una herramienta segura y muy pero que muy poderosa si los sabes utilizar. Elige el tipo de ácido en función de tu necesidad, respeta las concentraciones seguras y recuerda: la constancia siempre supera a los excesos.